Pesaj es un momento de inclusión.
En la noche del seder, hay dos minutos en los que metafóricamente abrimos la puerta e invitamos a los demás. El primero es al comienzo del Maguid, en que decimos “Todos quienes tengan hambre, que vengan y coman.” Y hay un lindo mensaje aquí: Alguna vez fuimos esclavos, pobres y hambrientos. Ya no lo somos; sin embargo, recordamos nuestra redención al compartir lo que tenemos con los demás.
El segundo momento viene cerca del fin del seder, con la tradición de servir una quinta copa de vino, que decimos es para el profeta Eliahu. Este es un acto de fé, una afirmación de que, si bien somos un pueblo libre, nuestra redención no está completa; sino que está aún por venir.
Desde el más oprimido al más celebrado, el mensaje es claro: todos son bienvenidos, y todos son necesarios. ¿Por qué hacemos tal esfuerzo para incluir a todos en el seder? Un chiste bastante antiguo dice que si en un cuarto hay 3 judíos; puedes plantear cualquier tema y tendrás al menos seis opiniones. Si bien compartimos la idea que nuestra redención no está completa, no esperamos que llegue mágicamente por obra de un profeta. Hacer de este un mundo mejor para todos: Ese es el objetivo, y nuestra tarea. Y probablemente, solo al incluir a los demás, comenzamos a cumplir con esta tarea.
Vamos a tomar la primera de cuatro copas de vino Cediendo el control Al vino, a la historia, a Dios.
Estamos en Egipto, un lugar claustrofóbico, y Dios nos dice: Te liberaré. Te rescataré. Te redimiré. Y te traeré hacia mi. Santifica el día con la primera copa.
Te liberaré -dice Dios-, de los lastres de Egipto.
Muy bien... pero, ¿y los lastres de hoy en día?
Guerra, explotación, esclavitud, desigualdad...
Muchas cosas no han cambiado.
Mejor será salir, levantarnos, Resistir a quienes nos oprimen Y cada uno liberar nuestros lugares. Así que bebamos de la Copa de la Santificación; el fruto de nuestras esperanzas y oraciones.
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, בּוֹרֵא פְּרִי הַגָּפֶן
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, borei pri hagafen.
Bendito eres tu Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que creaste el fruto de la vid.
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁהֶחֱיָנוּ וְקִיְּמָנוּ וְהִגִּיעָנוּ לַזְּמַן הַזֶּה
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, she-hejeianu v’ki’manu v’higuianu lazman hazeh.
Bendito eres tu, Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que nos diste la vida, nos sostuviste y nos hiciste presenciar este momento.
Ahora tomamos un poco de maror y lo untamos en el Jaroset. Recitamos la siguiente bendición y luego comemos el maror (sin reclinarse):
בָּרוּךְ אַתָּה יי אילָּהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, אֲשֶׁר קִדְּשָנוּ בְּמִצְוָתָיו וְצִוָּנוּ ול אֲכִלַת מָרוֹר.
Baruj atah Adonai Eloheinu melej ha-olam, asher kidshanu bemitzvotav vetzivanu al ajilat maror.
Bendito eres tú, Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, qué nos enseñas el camino a la santidad a través de tus mandamientos, ordenándonos comer maror.
Comemos el Maror.
Tenemos tres matzot ten este montón,
Una sobre la otra sobre la otra.
La matzah de abajo y la de arriba son,
Tal vez,
Un recordatorio de los pedazos de jala que comeríamos en Shabbat
(¡Pero no hoy!)
Que a su vez son un recordatorio
De la doble porción de maná
Que los otrora esclavos recibían de Dios
En el desierto
Todos los viernes antes de Shabbat.
Esas son la de arriba y la de abajo
Pero y, ¿La del medio?
Ah
Esa es la matzah de la aflicción.
El recordatorio del pan sin leudar
Que comimos mientras escapábamos de la esclavitud.
Esta matzah de la aflicción,
La partimos antes en mitades
Para separarnos nosotros mismos,
Primero de la alegría
Para no olvidar nuestro dolor
Para no olvidar el dolor de los otros.
Todo este dolor
Vive en la primera mitad de la matzah de la aflicción
Y esa mitad comimos antes de la cena
Para no olvidar que fuimos esclavos,
Para no esclavizar a otros.
Y tenemos la obligación de compartir esas memorias.
Pero—
Con la segunda mitad de la Matzah de la aflicción,
Que llamamos Afikoman,
Nos separamos del dolor
Para no olvidar lo que puede venir después de la pena:
Todas las veces que hemos disfrutado de la vida
Aquellos momentos en que hemos cambiado para mejor.
Y tenemos la obligación de compartir esas memorias, también.
Y luego, una vez que hemos contado nuestras historias
Y una vez que hemos comido nuestra cena
Buscamos esa felicidad.
Y siempre la encontramos,
Todos los años,
El Afikoman,
Y todos prueban una porción
Para no olvidar que es bueno estar vivos
Y libres.
Con la cuarta copa, alaba la gloria de Dios.
Te traeré ante mi -dice Dios.
A un pueblo
Y seré tu Dios en pacto eterno.
Ya pero… ¿puedo leer antes de firmar?
El compromiso con los deberes
No tiene valor alguno, sin la libertad de elegir (y de desobedecer).
Así que bebe de la copa de la Restauración
El fruto de nuestra Conexión Sagrada.
Y Dios nos dice:
Te sacaré de ahí.
Te liberaré.
Te redimiré.
Te traeré ante mí. ¡Lechaim!
Amen
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, בּוֹרֵא פְּרִי הַגָּפֶן
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, borei pri hagafen.
Bendito eres tu Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que creaste el fruto de la vid.
Pesaj es un momento de inclusión.
En la noche del seder, hay dos minutos en los que metafóricamente abrimos la puerta e invitamos a los demás. El primero es al comienzo del Maguid, en que decimos “Todos quienes tengan hambre, que vengan y coman.” Y hay un lindo mensaje aquí: Alguna vez fuimos esclavos, pobres y hambrientos. Ya no lo somos; sin embargo, recordamos nuestra redención al compartir lo que tenemos con los demás.
El segundo momento viene cerca del fin del seder, con la tradición de servir una quinta copa de vino, que decimos es para el profeta Eliahu. Este es un acto de fé, una afirmación de que, si bien somos un pueblo libre, nuestra redención no está completa; sino que está aún por venir.
Desde el más oprimido al más celebrado, el mensaje es claro: todos son bienvenidos, y todos son necesarios. ¿Por qué hacemos tal esfuerzo para incluir a todos en el seder? Un chiste bastante antiguo dice que si en un cuarto hay 3 judíos; puedes plantear cualquier tema y tendrás al menos seis opiniones. Si bien compartimos la idea que nuestra redención no está completa, no esperamos que llegue mágicamente por obra de un profeta. Hacer de este un mundo mejor para todos: Ese es el objetivo, y nuestra tarea. Y probablemente, solo al incluir a los demás, comenzamos a cumplir con esta tarea.
Vamos a tomar la primera de cuatro copas de vino Cediendo el control Al vino, a la historia, a Dios.
Estamos en Egipto, un lugar claustrofóbico, y Dios nos dice: Te liberaré. Te rescataré. Te redimiré. Y te traeré hacia mi. Santifica el día con la primera copa.
Te liberaré -dice Dios-, de los lastres de Egipto.
Muy bien... pero, ¿y los lastres de hoy en día?
Guerra, explotación, esclavitud, desigualdad...
Muchas cosas no han cambiado.
Mejor será salir, levantarnos, Resistir a quienes nos oprimen Y cada uno liberar nuestros lugares. Así que bebamos de la Copa de la Santificación; el fruto de nuestras esperanzas y oraciones.
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, בּוֹרֵא פְּרִי הַגָּפֶן
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, borei pri hagafen.
Bendito eres tu Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que creaste el fruto de la vid.
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁהֶחֱיָנוּ וְקִיְּמָנוּ וְהִגִּיעָנוּ לַזְּמַן הַזֶּה
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, she-hejeianu v’ki’manu v’higuianu lazman hazeh.
Bendito eres tu, Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que nos diste la vida, nos sostuviste y nos hiciste presenciar este momento.
Ahora tomamos un poco de maror y lo untamos en el Jaroset. Recitamos la siguiente bendición y luego comemos el maror (sin reclinarse):
בָּרוּךְ אַתָּה יי אילָּהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, אֲשֶׁר קִדְּשָנוּ בְּמִצְוָתָיו וְצִוָּנוּ ול אֲכִלַת מָרוֹר.
Baruj atah Adonai Eloheinu melej ha-olam, asher kidshanu bemitzvotav vetzivanu al ajilat maror.
Bendito eres tú, Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, qué nos enseñas el camino a la santidad a través de tus mandamientos, ordenándonos comer maror.
Comemos el Maror.
Tenemos tres matzot ten este montón,
Una sobre la otra sobre la otra.
La matzah de abajo y la de arriba son,
Tal vez,
Un recordatorio de los pedazos de jala que comeríamos en Shabbat
(¡Pero no hoy!)
Que a su vez son un recordatorio
De la doble porción de maná
Que los otrora esclavos recibían de Dios
En el desierto
Todos los viernes antes de Shabbat.
Esas son la de arriba y la de abajo
Pero y, ¿La del medio?
Ah
Esa es la matzah de la aflicción.
El recordatorio del pan sin leudar
Que comimos mientras escapábamos de la esclavitud.
Esta matzah de la aflicción,
La partimos antes en mitades
Para separarnos nosotros mismos,
Primero de la alegría
Para no olvidar nuestro dolor
Para no olvidar el dolor de los otros.
Todo este dolor
Vive en la primera mitad de la matzah de la aflicción
Y esa mitad comimos antes de la cena
Para no olvidar que fuimos esclavos,
Para no esclavizar a otros.
Y tenemos la obligación de compartir esas memorias.
Pero—
Con la segunda mitad de la Matzah de la aflicción,
Que llamamos Afikoman,
Nos separamos del dolor
Para no olvidar lo que puede venir después de la pena:
Todas las veces que hemos disfrutado de la vida
Aquellos momentos en que hemos cambiado para mejor.
Y tenemos la obligación de compartir esas memorias, también.
Y luego, una vez que hemos contado nuestras historias
Y una vez que hemos comido nuestra cena
Buscamos esa felicidad.
Y siempre la encontramos,
Todos los años,
El Afikoman,
Y todos prueban una porción
Para no olvidar que es bueno estar vivos
Y libres.
Con la cuarta copa, alaba la gloria de Dios.
Te traeré ante mi -dice Dios.
A un pueblo
Y seré tu Dios en pacto eterno.
Ya pero… ¿puedo leer antes de firmar?
El compromiso con los deberes
No tiene valor alguno, sin la libertad de elegir (y de desobedecer).
Así que bebe de la copa de la Restauración
El fruto de nuestra Conexión Sagrada.
Y Dios nos dice:
Te sacaré de ahí.
Te liberaré.
Te redimiré.
Te traeré ante mí. ¡Lechaim!
Amen
בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, בּוֹרֵא פְּרִי הַגָּפֶן
Baruj Atah Adonai, Eloheinu Melej ha-olam, borei pri hagafen.
Bendito eres tu Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que creaste el fruto de la vid.
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